Y te dirán… que me morí una tarde cuando el sol agonizaba apenas, por la calle de la angustia inmensa donde enredé tus sueños a los míos, y me quedé soñando primaveras.
Y te dirán… que me vieron llorar, Lágrimas de dolor y de impotencia, que me vieron buscarte en cada huella, y en los pasillos de todas mis quimeras.
Y te dirán… que me oyeron en silencio, cada vez que pronuncié tu nombre, cada vez que te volví recuerdo, cada vez que te llamé “mi hombre”.
Y te dirán… que me morí una tarde. cuando el sol inclinaba su cabeza, y que lloré con lágrimas que arden, sobre cenizas de dolor y ausencias.
Y te dirán… Y te dirán que te amé tanto… como nunca supieron de un amor tan grande. y te dirán que hasta las aves se negaron a poblar de gorjeos, esa tarde.
Y te dirán… y te dirán que pronuncié tu nombre, y que fue en mi boca, la última palabra, y te dirán que te llamé “mi hombre”, por encima del tiempo…y la distancia.
Te amo…estoy segura que te amo; porque en la soledad de cada noche y en la quejumbrosa luz de mis mañanas, te recuerdo y te extraño embriagada de nostalgias.
¡Qué extraña corriente me arrastra sin pausas hacia el cause hermoso que tiene tu casa, tu sol y tu cara.
Te amo… lo sé desde siempre, pero esta mañana, desde este pueblito lejano y silente quiero darte el alma.
Porque ya no estás, salgo a caminar sobre el áspero pellejo de las calles; negándome a aceptar que he salido a variar mis sentimientos; que he comenzado a avivar, la llama quejumbrosa que entibia tu recuerdo. Porque ya no estás, veo desbarrancarse el tiempo por la espalda de vencidos calendarios; y ajusto el cinturón de mustias inquietudes. Voy amontonando a mi silencio, incertidumbres sospechosas. Voy trizando en las noches los reflejos del cielo, con las manos; y crujen las bisagras de mis rudos cansancios e impotencias. Porque ya no estás, se desordenan los atardeceres en el quicio de mis soledades; y se arrinconan, en los recodos de mi desesperanza. Me falta todo; se embarcan las alegrías y huyen a otra parte. Se ausentan las mariposas, que danzan en los días de sol sobre las flores. Porque ya no estás, es un contrabandista de tristezas el desamparo de palabras, llamadas a silencio; y hasta la lluvia acalla el teclado musical de las ventanas. Cuando no estás, se apagan las luces retoñando en las pupilas, y la luna espía por su redondez amanecida, la inhóspita intemperie que en mi alma se avecina. Se inicia la proscripción de los proyectos, sobre el brioso corcel que cabalga desventuras; y parte desde el centro perfecto del silencio, el deseo de escuchar el milagro sonoro de tu voz...
Porque ya no estás, el viento emborracha a las veletas sobre las crestas rojas de las casas, que se levantan a la vera del río, allí donde se ahogan los espejismos de mi suerte; y donde se arrodillan vencidas las promesas de amor, que tantas veces nos hicimos. Porque ya no estás, mi corazón es un caballo desbocado, que relincha por la ausencia de un jinete, que detengan sus pasos apurados; y que borre de las luces nocturnales que iluminan el cielo por las noches, este derroche tumultuoso, que puebla mi mente de designios, sobre la hostilidad de todos los abismos.
Yo te di el corazón, y el sacrificio de olvidarme del mundo por tu dicha, y he recibido a cambio y beneficio la soledad y la angustia de mi vida. Te perdono porque te amo todavía… …Y creo que he de amarte mientras viva.
Hay un rumor de sueños apretados, en los rincones profundos de mi alma; no puedo detenerme sin soñarlos, en el vértice azul de mi esperanza.
Hay un rumor excitante de caricias prisioneras, en mi alma suplicante, que clama por tu amor, comprometida y cansada de soñar y de esperarte.
Reservo para ti, un universo de ternuras y de amores sensitivos, que esperan explotar en locos besos, y en alegrías y placeres compartidos.
Hay un inmenso amor que se agiganta en la desolada ansiedad que da la espera, pero que asume que nada se desgasta, cuando se escuchan tus pasos que se acercan.
Déjame soñar con tus pasos este día, sin claudicar un instante de esperarte. quiero beberte con toda la osadía, Del que se hunde a nadar… ¡Hasta ahogarse!
Llegaré… cuando el invierno despunte el gris en sus ojeras y la luna se queje entre sus fases, del paisaje sin el sol de primavera. Cuando el frío circule por los cuerpos, como un arlequín desteñido de tristeza, cuando los árboles desnudos fortalezcan, la savia vegetal de sus cortezas.
Llegaré cuando el sol, duerma sus rayos, sobre un cántaro helado que se quiebra, cuando el azul del cielo se desdiga con un llanto de niebla, hacia la tierra. Cuando la nieve en el paisaje deposite, una ruda claridad en las esquinas y cuando hayas olvidado que te quiero, sobre una alfombra de hojas amarillas.
Llegaré cuando el frío vegete en el silencio, cuando olvides mi promesa más sencilla, cuando no sepas del amor con que te pienso. ni me pienses amándote en invierno. Cuando coloques remiendo a los suspiros, y en las noches no apuestes a los sueños, cuando no presientas lo mucho que te quiero y me quieras olvidar sin conseguirlo.
Llegaré… sorprendiéndote una tarde, con el calor que a los fríos aniquila, y al poblar de bullicios cada cosa, sabrás cuánto te amé y te amo tanto… entre las hojas verdes o amarillas… Y me dirás… que soy como las rosas que mezclo el terciopelo con espinas. Pero habrás de descubrir, cuánto te quiero… ¡Como nadie ha querido en esta vida!, Con la misma ansiedad con que te llevo como un faro de luz, en las pupilas.
Ella se levantó temprano como siempre y salió a caminar por su amada Buenos Aires. Sus pasos la llevaron a la Avenida Corrientes, allí donde el perfume se recuesta en la calle.
Allí donde las luces mezclan la esencia de la cándida luna, emborrachada de anhelos; allí donde se yerguen en brillante presencia, teatros, librerías, cafés, confiterías… ¡El Pueblo!
Allí donde los árboles se fueron a otra parte, donde el bullicio es constante, donde la calle no duerme; donde los aromas y las luces palpitan en el aire y donde un sol de nostalgias, también a veces crece.
Ella camina lento remontando un cometa de recuerdos, buscando a cada paso los duendes de otras horas; añorando otras cosas que no están como otros tiempos, y mientras piensa, duele el aguijón verdugo del espejo.
Ya no están muchas cosas porque todo es moderno y sus ojos se clavan en el sol de un letrero; ese que le acerca el temblor de los recuerdos, porque frente a ese cartel, le dijeron “Te quiero”.
Ahora ya no escucha el hilván de las palabras que un día, ya hace tiempo, al oído le dijeron… Tal vez en un viejo tranvía se marcharon lejos a dormir el sueño que señala el progreso.
En el azul del cielo las estrellan a raudales titilan, al compás de las luces de su calle Corrientes y en su propio diccionario que almacena soledades recuestan los duendes, un cansancio permanente.
Y ella evoca la cita donde un día lejano escuchó en sus oídos los primeros “Te quiero”; donde casi con miedo le tomaron sus manos y donde ella quisiera que le ocurra de nuevo.
¿Has sentido que sueña la noche toditos los sueños, que nunca has soñado? ¿Has sentido que esconde la luna todito el misterio de amores robados? ¿Has sentido que en rondas de estrellas les cuenta el lucero los besos que ha dado? ¿Has sentido que en días lluviosos el sol se ha quedado en un canto? ¿Has sentido que el cielo se pone nervioso por la ausencia insolente de los ruiseñores?.. ¡Tú no sabes nadita de nada… porque nunca en la vida, te has enamorado!